¿Qué es la diplomacia cultural y por qué se puede ejercer desde la sociedad civil, la academia y el mundo de la empresa?
Es común que, cuando se menciona la palabra
«diplomacia», nuestra mente se dirija automáticamente a las cancillerías, embajadas,
consulados y demás instituciones encargadas de representar internacionalmente a los Estados. Si a esto le añadimos el término "cultural", esta asociación, parece aún más evidente. Esta concepción está definida parcialmente. La diplomacia cultural no constituye un ámbito cerrado o exclusivo de instituciones oficiales.
En la actualidad, la diplomacia cultural ha extendido su marco de
actuación. Algunos analistas consideran que se encuentra integrada en la diplomacia pública. Desde la Ciencia Política y las Relaciones Internacionales, la diplomacia cultural, se entiende como uno de los mecanismos mediante los cuales se puede ejercer el soft power. Actores de distinta naturaleza participan creando espacios de
diálogo y fortaleciendo vínculos que favorecen el conocimiento mutuo entre sociedades. Aquí habría que destacar a entidades del sector privado como son empresas de distintos sectores económicos, instituciones académicas e instituciones de la sociedad civil y personas a nivel individual, por citar algo. Sector público, sector privado y el tercer sector participan, de distintas formas en el ámbito de la diplomacia cultural. Ante esto seguramente se hará una pregunta ¿En qué consiste este tipo de diplomacia?
¿Qué es la diplomacia cultural?
La diplomacia cultural constituye uno de los instrumentos más
importantes para construir puentes entre
sociedades y su acercamiento. Su finalidad no puede reducirse simplemente
a directrices estatales o a una simple muestra cultural. La diplomacia
cultural tiene el objetivo central de edificar relaciones que generen confianza, conocimiento y comprensión a través de diversos elementos que favorezcan la cooperación y permitan establecer vínculos duraderos. Ahora bien, ¿Qué acciones llevan a cabo o cómo se desarrollan?
El punto de encuentro es la cultura que constituye el espacio proclive para entablar y desarrollar las relaciones. La historia, el patrimonio, el conocimiento académico, los debates, las expresiones artísticas, la difusión de las tradiciones, son algunas de esas partes que componen estos espacios de encuentro. En esta dinámica, la confianza es el ingrediente básico. Crear confianza no es sencillo. La confianza va precedida de una dosis de credibilidad basada en una coherencia que consiste entre lo que se dice y lo que se hace. En el ámbito de la diplomacia cultural sucede lo mismo.
Aquí es donde intervienen aquellos actores no gubernamentales. Pensemos en una empresa española que se instala en México. Obviamente, para desarrollar sus operaciones necesitará contratos, proveedores, trabajadores, pero también, necesita relacionarse con la sociedad receptora de sus actividades empresariales. No solo existen relaciones económicas en esta interacción sino que, a su vez, la empresa debe comprender el entorno en el que se ha establecido con las particularidades de este, para ello, es importante la prioridad en las relaciones institucionales y la responsabilidad social de la empresa.
La sociedad civil o las instituciones académicas aparecen en este contexto, como actores relevantes para el ejercicio y el desarrollo de la diplomacia cultural. Las universidades y centros de investigación participan en la creación de espacios de intercambio de conocimiento mediante investigaciones conjuntas, publicaciones, congresos, seminarios y otros proyectos de colaboración. Las instituciones de la sociedad civil pueden desempeñar una función complementaria, difundiendo contenidos y poniendo a disposición conocimientos generados desde el ámbito académico, además de promover actividades que favorezcan el diálogo y las relaciones institucionales y personales entre distintas sociedades. Asociaciones, fundaciones y otras organizaciones son ejemplo de ello.
En un mundo cambiante, marcado por los retos tecnológicos, la robotización, la IA y los procesos digitalizados regulando y condicionando las relaciones de los seres humanos, surge una paradoja, el veloz acceso a la información e inmediatez en la comunicación dando lugar a un enorme déficit de comprensión mutua, tanto en el ámbito personal y social. Surge como necesidad, la aplicación de herramientas puestas a disposición de entidades y personas como es el caso de la diplomacia cultural que nos enriquecen. Su papel es indiscutible, evidente en la construcción de puentes hacia el entendimiento entre sociedades, compartiendo conocimiento, estableciendo un diálogo y mostrando siempre respeto. El mundo necesita más diplomacia, más cultura y menos conflictos.
IMAGEN: Pixabay | fill

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