¿Es posible conciliar hispanidad y mexicanidad? Sí, y la historia ya dictó sentencia

 



La visita de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso a México, ha generado un choque político entre ella y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, un choque por la historia y por medio, la figura de Hernán Cortés, donde al calor de las descalificaciones de la mandataria mexicana y de precisiones históricas fulminadas, me lleva a una reflexión ¿Es posible conciliar hispanidad y mexicanidad? Mi respuesta es: sí e incluso está realizada.

México nace como sujeto heredero de un complejo proceso histórico clave en la historia donde raíces, indígena e hispana, darán lugar a la construcción y desarrollo de una nueva sociedad, "novohispana", que en el siglo XIX verá nacer al Estado moderno que hoy se llama "Estados Unidos Mexicanos". México.

Un falso dilema recorre los debates estos días. Desde el poder político intentan inocular en la sociedad mexicana el virus del conflicto, del reduccionismo político, del presentismo, del extremismo, dirigiéndolo hacia una falsa dicotomía: como si ser mexicano exigiera rechazar lo hispano o viceversa. Esto tiene un componente más ideológico que cultural e histórico ya que entender en su totalidad cómo fue la conquista llevada por Hernán Cortés, sus hombres españoles y sus aliados indígenas, nos permite ver que este suceso bien leído y comprendido, no da espacio para los sesgos que ofrece la política porque si uno lee por ejemplo la obra de Hugh Thomas «La Conquista de México» o la biografía del conquistador de José Luis Martínez «Hernán Cortés», comprobará a un Cortés como un agente histórico que representa el punto de encuentro entre el dolor y la fecundidad, él es el catalizador del proceso irreversible del México mestizo y será el enlace entre dos civilizaciones separadas por un gran Atlántico y que siendo un poco atrevido y provocador de mi parte, constituye (quizá muchos españoles lo desconozcan), uno de los acontecimientos, por su aspecto cualitativo historiográficamente, más importantes de la historia de España y por supuesto, de la Historia Universal. Esto se puede discutir.

La hispanidad y mexicanidad son identidades complementarias, no opuestas, pertenecen a un pasado común donde, con sus diferencias, han destacado mundialmente por su patrimonio histórico y cultural. No se trata de ocultar los episodios de violencia sino más bien comprender cómo funcionaba una sociedad desde el siglo XVI hasta el XIX (con sus claroscuros), bajo una lógica monárquica como era la española y entender que sin el elemento nuclear que es el mestizaje, con su variable hispana, dio lugar al espíritu mexicano. La identidad mexicana nace por el encuentro y fusión, violenta y creativa, del mundo indígena prehispánico y el mundo hispánico.

¿Cómo entender la hispanidad sin la mexicanidad? Tampoco es posible. El ejemplo lo tenemos en nuestro idioma, el español, sin la aportación mexicana donde palabras como chocolate, tomate, cacao, etc., forman parte de un vocabulario único y de proyección internacional; o cómo no reconocer en la obra del genio universal de la pintura, Velázquez, con su obra «Las Meninas», la cerámica mexicana (jarrito de barro) que aparece en primer plano en las manos de la menina ofreciéndole agua a la infanta Margarita que quedó plasmado para la posteridad. Negar cualquiera de las partes, nos empobrece.

La realidad histórica de lo que fue la Nueva España nos muestra un crisol biológico y cultural de la que es beneficiario México como nación soberana, donde absorbe el legado para construir una identidad. Quizá este sea el tema implícito de toda la polémica, el rompimiento con esa identidad y la búsqueda de una alejada del tesoro cultural que poseemos los mexicanos, una identidad artificial basada en un imaginario político desde el gobierno de México.

México es el país más español e indio de América. Se ha dicho que el 93 % de los mexicanos somos mestizos. Los mexicanos debemos rechazar toda forma que promueva un indigenismo, antiespañol, purista que lo eleva dogmáticamente al estado de víctima y lo sacraliza, pero a su vez, el hispanismo excluyente, soberbio y ajeno a toda autocrítica y conocimiento del pasado. José Vasconcelos, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Lucas Alamán, León – Portilla, José Luis Martínez, Orozco y Berra, entre muchos, han abogado de forma admirada y creativa, por ese orgullo que representa la mexicanidad junto con su matriz hispana.

Y es precisamente uno de ellos, Octavio Paz, que en 1985 en su ensayo denominado “Hernán Cortés: exorcismo y liberación”, nos propone, idea a la que me sumo, la restitución a Cortés a la historia señalando que habría que hacerlo “con toda su grandeza y todos sus defectos”. Les comparto parte de sus palabras al final, pero antes, debemos entender que, a pesar de la polvareda ideológica, los gritos y la creación de una pseudohistoria que busca enfrentar, mexicanidad e hispanidad, pertenecen a dos caras de una misma moneda. A pesar de tanta mala fe, la historia ya dictó sentencia y las ha unido para siempre. Mexicanidad e hispanidad triunfarán y a pesar de la tormenta, la historia ya decidió, ahora nos toca abrazarla con cariño, madurez y orgullo.

«El odio a Cortés no es odio a España es odio a nosotros mismos. El mito nos impide vernos en nuestro pasado y, sobre todo, impide la reconciliación de México con su otra mitad. El mito nació de la ideología y sólo la crítica de la ideología podrá disiparlo. Cortés debe ser restituido al sitio a que pertenece, con toda su grandeza y todos sus defectos a la historia. Apenas Cortés deje de ser un mito ahistórico y se convierta en lo que es realmente un personaje histórico, los mexicanos podrán verse a sí mismos con una mirada más clara, generosa y serena. Esta tarea de crítica equivale a una cura moral y debe ser emprendida por aquellos que son los herederos directos de los creadores del mito los intelectuales y la actual clase gobernante de México. De ahí que la crítica que propongo tenga que comenzar por ser una verdadera autocrítica». Octavio Paz.

IMAGEN: foto propia tomada del mosaico en la parte posterior del Templo de Jesús Nazareno donde reposan los restos de Cortés en la Ciudad de México denominado "El encuentro entre Cortés y Moctezuma ".

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